October 14, 2019

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El nuevo Código Civil y los abogados de compañías de seguros(*)

 

1. El Código Civil y Comercial resignifica la tarea de los abogados. Nuestro asesoramiento tiene, debe tener, otras connotaciones. No tanto por la existencia de un “nuevo” articulado, sino por la reformulación de las fuentes que hacen los arts. 1º, 2º y 3º[2]. La importancia de estos tres artículos iniciales se irá constatando a mediano y a largo plazo (sobre todo, en las instancias judiciales superiores). A ello se suma el impresionante empleo que hace el Código de conceptos jurídicos indeterminados: normas de textura abierta, que no prevén una consecuencia unívoca o típica para el problema que abordan (pensemos en la constante alusión a la “razonabilidad” o a “las circunstancias del caso” que hace el nuevo ordenamiento).

 

2. Los abogados, por ende, debemos mejorar nuestras habilidades argumentativas: la discusión se hace mucho más interesante cuando el problema va más allá de la clásica subsunción del caso en un texto legal. El Código, como sistema inacabado “encierra un nivel alto de exigencia para los operadores del campo legal” (Gonzalo Sozzo). De lo que se trata es de proponer el argumento más “plausible”, a los fines de la “ponderación” que debe hacer el juez entre los valores en pugna[3]. Como el derecho privado se ha “constitucionalizado”[4], quienes trabajamos con el derecho privado (o dentro del derecho privado) debemos entender cómo se ganan los pleitos constitucionales.

3. Esto también se aplica al mundo de los seguros. Si el Código ya no aspira a ser un sistema cerrado y autosuficiente, mucho menos puede hacerlo una ley de seguros. Es más, si los arts. 1º, 2º y 3º ponen en crisis la idea misma de “sistema” (algo que reconoce estar abierto a elementos tan plásticos como los principios, los valores y los derechos humanos no es algo demasiado “sistemático” que digamos), con más razón queda jaqueada la noción de “microsistema”. Por eso, un tema de seguros no debe, no puede, ser solucionado sólo con la ley de seguros.

 

4. Ahora bien, esto no significa que las soluciones puedan hacer caso omiso de lo que dicen las normas especiales (muchos fallos sobre seguros directamente ignoran textos inequívocos, como si no existieran, sin declararlos inconstitucionales para el caso concreto).

 

5. Una muestra notable de la importancia de los argumentos “no legales” es el fallo “Bayona” del 30.12.15: el Tribunal Superior de Córdoba, para apoyar su conclusión de que el art. 56 de la ley de seguros sí rige cuando se trata de una exclusión de cobertura por ebriedad, dejó en claro que “los principios del nuevo Código Civil han reformulado el sentido de cada uno de los microsistemas normativos. El cambio de paradigma que implica la nueva legislación tiene como uno de sus objetivos –expresamente consagrado en los Fundamentos del Anteproyecto– procurar la igualdad real de todas las personas mediante de normas orientadas a plasmar una ‘ética de los vulnerables’. El nuevo Código consagra reglas que ‘humanizan la vida de los contratos’, incluido el de seguro”. Adviértase cómo una discusión “dura” y “técnica” fue dirimida con principios y con valores (modificando incluso el criterio que tenía el tribunal casatorio sobre el art. 56 y la alcoholemia).

 

6. La influencia del nuevo Código también se percibe en el caso “Torres” del 19.12.17, donde la Sala II de la Cámara de Azul combinó las normas preventivas y las que exigen proteger los intereses colectivos y dictó un “mandato preventivo colectivo”. A raíz de una demanda que puso en tela de juicio una cláusula inserta en un seguro de vida colectivo (concretamente: la que excluía daños personales si el siniestro era conduciendo una moto), el tribunal entendió (i) que la cláusula era abusiva, (ii) que ella perjudicaba también a otros asegurados y asegurables. Por eso, ordenó de oficio a la SSN a que presente “un informe detallado y circunstanciado que reformule la cláusula considerada abusiva”. El mandato aclara que el informe deberá “considerar todos los aspectos técnicos involucrados, analizando la incidencia de ese riesgo excluido en el monto final de la prima, conforme la ecuación económica del contrato, los cálculos actuariales y las restantes variables que correspondan”. Y que si “la inclusión del riesgo mencionado precedentemente no resulte fáctica, jurídica o económicamente viable las partes emplazadas deberán argumentar, explicar y justificar las razones que impedirían su concreción, ofreciendo –si procediera- medios alternativos (por ejemplo, precios diferenciados en uno u otro supuesto)”. Una sentencia de este tipo hubiera sido impensada en la época de Halperin.

 

7. La preocupación del juez en los casos de seguros será conciliar las renovadas y reforzadas exigencias protectorias (hacia los asegurables y hacia los terceros damnificados) con los requerimientos técnicos sin los cuales no puede funcionar la actividad aseguradora. En un escenario como éste, las defensas “clásicas” de los abogados, las estrategias procesales “tradicionales”, probablemente no resultarán convincentes ni eficaces. El abogado “práctico” deberá incrementar su kit de herramientas con destrezas y contenidos “teóricos” (filosofía del derecho, teoría de la argumentación, elementos de derecho constitucional y de los derechos humanos).

 

8. El aumento de la complejidad del entorno jurídico (el cambio de la atmósfera circundante) lógicamente no es la única novedad con la que nos enfrentamos los abogados de seguros. Los seguros en general, y el de responsabilidad civil en particular, aparecen influenciados por otras normas, en temáticas diversas como las siguientes: (i) prescripción, (ii) contratos de adhesión, (iii) relación de consumo, (iv) reformulación de la responsabilidad civil (del riesgo asegurable)[5], (v) cuantificación de daños por lesiones, (vi) cuantificación de consecuencias no patrimoniales.

 

9. En lo que hace a la responsabilidad civil, que mencionamos en el apartado anterior, una visión de conjunto de los arts. 1708 a 1780 muestra que se ha estructurado un sistema más simple (más fácil de comprender), más completo (abarca una mayor cantidad de problemas) y más adaptable (tiene suficiente aptitud para abarcar las nuevas situaciones que se irán produciendo)[6]. Esta “nueva” responsabilidad civil genera más incentivos para litigar. Además, la claridad normativa permite eludir problemas secundarios (por ejemplo, si el caso es contractual o extracontractual, o si tal hipótesis es de responsabilidad objetiva o subjetiva) y enfocarse en el nudo de la solución.

 

10. En definitiva, quienes no somos “nativos” del nuevo Código (los que empezamos a litigar con los códigos viejos), debemos tener presente la genial frase del genial AlvinToffler: “Theilliterate of the 21st. centurywillnot be thosewhocannotread and write, butthosewhocannotlearn, unlearn and relearn”. Nuestro desafío, que incluso puede ser una ventaja comparativa, es “desaprender” y “reaprender”.

 

 

 

 

 

(*) Artículo publicado en Revista Derecho + Seguros, Abril 2018 Año 2 Nº 2, de la Asociación para el Estudio del Derecho de Seguros del Interior Argentino(“AEDSIA”). http://www.aedsia.org/2018/05/08/revista-derecho-seguros-abril2018-a2-n2/”

 

[1] Socio en “Manzi – González Zavala - abogados”. Profesor de Derecho Procesal en la UNC.

 

[2] Como dice Federico De Lorenzo, el nuevo Código nos empieza a hablar antes del art. 1º. El primer mensaje hacia el intérprete es cómo está titulado el capítulo 1 del título preliminar: no se alude a la “ley” sino al “derecho”.

 

[3]“Cuando un principio colisiona con otro de igual rango, la solución no es excluir uno desplazando al otro, sino ponderar el peso de cada uno en el caso concreto, buscando una solución armónica” (Fallos: 332:1769).

 

[4]No es que los códigos viejos eran inconstitucionales. Lo que pasa es que las nuevas normas están más preocupadas en optimizar los mandatos que emanan de los principios fundamentales. Hay una declarada intención de elevar el nivel de tutela de los derechos humanos.

 

[5]Aquí resulta notable el tema de las actividades riesgosas: la nueva regulación debiera generar una conciencia asegurativa.

 

[6]El nuevo Código, al igual que en otras áreas, se muestra aquí adaptable a la casuística y resistente al paso del tiempo (el futuro planteará casos y problemas inimaginables por el legislador actual). Esto resulta particularmente importante en materia de responsabilidad por daños, debido al dinamismo y al crecimiento que caracteriza a este fenómeno.

Citar: elDial.com - DC252

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